Supiste llenar mi alma de algo
que ya no pensé recuperar. Y no, no me refiero a que otra persona ocasionó esto
en mí. Normalmente intentamos que alguien nos saque de los profundos abismos en
los que sin saber cómo, o sabiéndolo, acabamos metidos. Pero nos hace valientes
el saltarlos y caer en ellos, aunque debemos tener cuidado porque puedes llegar
al fondo y acabar muerto, o caer con algunas magulladuras y aún poder levantarte
para seguir caminando hacia la cumbre en la que el abismo recoge todo su
sentido.
Cayendo descubres cosas que desde
arriba, o en su defecto, en el suelo no puedes ver. Esta visión hace que tu
experiencia hacia la vida sea más rica, pero esto sólo ocurrirá si aprendes que
estando arriba, o abajo, también existen distintos puntos no tan extremistas.
Es muy fácil amarrarte a una
cuerda para no caer, o mucho más fácil permanecer en el suelo y no subir para
así no tener ninguna repercusión, pero ¿de qué nos sirve no caminar? Tener una
vida simple es una opción, y con esto no digo que caminar sea tener una vida
complicada, sólo que hará tu vida mucho más plena según mi punto de vista.
No confíes tu vida a una cuerda
ya que se desgasta, no permanezcas en la ladera porque perderás las vistas que
no podrás ver. Camina, vive y busca la antorcha en ti para que en las noches
oscuras alguien sin fuego encuentre tu luz propia.






